Instituto Evangélico Minas de Oro (14) \ Añoranzas de un Cóndor \
  Añoranzas de un Cóndor
 

Para ti que a tu mediana edad pudiste compartir aquellos momentos hermosos. Que correteaste por aquellos pasillos de mosaicos encuadrados que al deslizar tus zapatos dejabas escuchar el sonido que aun recuerdo, quiero también compartir los momentos que vivimos en nuestro instituto querido que como dice el himno es parte de mi vida

-Cómo poder olvidar aquellas paredes grises con rústicos acabados al centro aquella vieja cancha de basquetbol con tableros corroídos por el sol la lluvia, las frescas mañanas y el paso del tiempo en donde gracias a mis hermanos Charly, Carlos Escupi, Moroco y otros que ya no recuerdo como parte de mi equipo con los cuales disfrutábamos de las acrobacias de aquellos tiempos (la famosa chuza y el gustado gancho)

-A caso ya olvidaste aquella vieja mesa de pin-pon en donde recuerdo que Henry Lanza me dejó muchos miércoles con el deseo de degustar las famosas enchiladas que era el menú de ese día por la cena, por haber perdido dos juegos consecutivos y como testigos Escupi, Omar Gonzales, Fabio, Filiberto Padilla Rosbin Lanza, Crudo, Wilkin Tribunito y otros.

A todos ustedes que al igual que yo compartieron en el largirucho comedor el fresco de semilla de ayote que hasta el día de hoy no he vuelto a saborear, los frijoles parados acompañados de mantequilla, huevos picados , semitas minasdeorence como postre servidas en aquel viejo azafate metálico con varios compartimientos

-O tú hermano te olvidaste ya de la ricas burras de Doña Chila, los pasteles y las baleadas de La Negra. Recuerdo que llevo dentro el tuc, tac, tuc, tac, tuc, tac, que hacía el Escupi con la lengua simulando a alguien jugando en el salón, me parece ver a Randi, las corriditas por no haber dado permiso, la risa de Kevin Nolasco, Gerson Padilla, Enoc Rodríguez,, Wilkin, Ruco, Peiper , Irra … y nadie en el salón.

Me levanté tomé mis cuadernos y me dirigí al cuarto número 5, pues había terminado el tiempo de estudio. Ya en el cuarto me desvestí, me puse mi ajustada camisa pijama, fue cuando escuché una voz apenas audible como no queriendo que nadie más escuchara (supongo que no quería compartir con nadie más) que dijo:

-Condor, Condor

Volteé la cara y vi al Ruco sosteniendo en su mano derecha una lata y sobre ella una amarillenta rosquilla, extendí mi mano, casi la arevaté, la tomé, le di dos grandes mordidas a la rosquilla que sabía más a cuajada que al mismo maíz (clásica rosquilla olanchana), llevé la lata a mis labios y de unos tragos bajé el alimento que atoraba mi garganta, vi al fondo de lata y veo una gruesa capa de leche aún sin hidratar por escasez de agua o por falta de agitación. Entonces fue cuando vino a mi mente la gran idea
Caminé hacia la pared, apoyé mi brazo en ella, desabroché mi pantalón pijama y deposité en la lata un líquido amarillento, desecho de mi cuerpo.

Caminé a la puerta, entonces y la entrecerré colocando la lata con líquido amarillento en la parte superior de la puerta (entre el marco y la puerta recostada, quedando ésta en balanza). Con pasos rápidos me encaminé al camarote ante la mirada de algunos de mis compañeros de cuarto, con mi mano derecha golpeé fuertemente el armario que compartía con Israel Sánchez, me acosté pues era hora de dormir, sabía que al golpear el armario haría que Randolfo Bonilla viniera a poner todo en orden. Y fue así, la puerta se abrió bruscamente, la lata y su contenido cayó sobre la cara de Randi llevándose de encuentro sus gruesos anteojos, los que al caer al piso se hicieron añicos.

Fue entonces cuando aquel hombre, alto y delgado, a pasos se dirigió al centro del cuarto sacudiendo con las manos su cara y quitando de ella algunos grumos de leche. Casi a gritos dijo:

-Los espero a todos en consejería ahorita mismo.

Al escuchar esto me senté en mi cama, con mis dedos restregué mis ojos, pase mis manos por la boca y bostecé (pues yo estaba durmiendo, ni cuenta me daba, quise decir con mi acción)

Uno por uno fuimos saliendo del cuarto, ingresamos empayamados a consejería, se dirigió a la puerta y la cerró fuerte rompiendo el sepulcral silencio mientras decía:

-Quiero saber quien fue el de la idea-. El silencio fue mayor cuando Randi dijo -El responsable mañana se va del internado.

Recuerdo que pasamos allí largo rato, todos cabizbajo, fue cuando el Kevin dijo,
-Profe, si usted me perdona los cinco reglamentos que le debo por la falta que cometí, le digo quien fue...

-Dígame Kevin- dijo Randi, los ojos de mis compañeros clavaron sus miradas en Kevin, quien apenado bajó la cabeza y dijo:

-Fue Cóndor, fue Cóndor-.
-Cinco reglamentos- dijo aquel hombre, -pero ahora para el domingo antes de las ICHTUS .

-Pero profe, usted dijo que me perdonaría y más bien me agravó el castigo. Los reglamentos eran para el Jueves.


Ruko /Condorito
   
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