Instituto Evangélico Minas de Oro (14) \ Brujos de Ciencias Naturales \
  Brujos de Ciencias Naturales
 
Un sapo, sacado de una alcantarilla.  Al fondo se ve la entrada al internado de señoritas, donde atendía consejería la Profesora Elida de Reyes
… me han contado que los animales que tardan mucho en morir son brujos mutantes.

Muchas historias de brujería se contaban en Minas de Oro. Desde las y científicas como la sopa de camotillo hasta la señora que se convertía en lechuza por las noches y sobrevolaba las casas donde habían niños recién nacidos para comer sus ombligos con su lengua en forma de hilo que introducía por los agujeros del tejado. Generalmente había pruebas irrefutables como los juramentos en nombre del difunto o la tartamudez de la anciana a quien le cortaron el hilo en el momento del manjar.

Sucedió en la clase de Ciencias Naturales, donde el libro indica que debes abrir un sapo clavado sobre una lámina de playwood. El profesor Manuel, molesto por la tozudez de los internos en no esforzarse por un apasionado encuentro con los anfibios en una noche de septiembre lluvioso. Amenazó con negar la entrada al laboratorio a quien no llevara su propio sapo.
Fue una colección impresionante de especimenes. Los había en todos los tamaños y colores, desde blanco amarillento hasta verde esmeralda. Un chico llamado Angel y a quien llamábamos “el narizón” fue merecedor de aplausos por parte de las compañeras al mostrar un sapo que adornado de leche blanca parecía coliflor.

Para evitar complicaciones con mi clase de piano me negué a la cacería nocturna de los internos y decidí llevar un conocido sapo que dormía en la leña seca de la cocina. Aquel animal se había acostumbrado a entrar cada tarde por una abertura entre la puerta y el piso de tierra. Mi madre lo sacaba con la escoba por la mañana de la misma forma que sacaba el gato del fogón.
Al profesor no le fue difícil escoger: de todos los clones genéricos tomaron los más grandes, que con la algarabía se habían inflado como balones de fútbol americano.
El mío fue seleccionado por ser diferente; su color café oscuro, con verrugas y apariencia de ser un sapo maduro le hizo merecedor de la navaja. No era agresivo como los otros, más bien semejaba ser hogareño por la postura que obtenía en la mesa, aparentando estar sentado en esas sillas de respaldo bajo que hacen en los pueblos.
Muy interesante fue que el éter utilizado como somnífero no funcionó en el animal, por lo que debimos clavarlo despierto. Leonardo un grotesco chico hijo de un diputado de la cámara; logró abrir la panza del animal en la forma que decía el procedimiento del libro. Le mutilamos todo lo que a un animal le puede dar vida: el corazón, las vísceras, los pulmones y el sapo continuó haciendo movimientos. Finalmente lo desclavamos y con únicamente el pellejo que unía sus patas traseras con la cabeza el animal intentaba caminar mientras parecía mirarnos con ojos de presidente recién electo.
En su cruel humor Leonardo lo aprisionó de los ojos con las pinzas y lo mostró a los estudiantes de otros cursos que salían de sus jornadas mientras gritaba ¡Muere animal estúpido!

En casa no tuve valor de almorzar con tanto impacto visual, razón que me obligó a contar la historia. Mi hermana no quiso seguir comiendo mientras mi hermano interesado en la ración abandonada argumentó:
-Entonces ese sapo era una persona. Me han contado que los animales que tardan mucho en morir son brujos mutantes y mueren en sus casas tal como el animal.
Quedé congelado con la idea y solo recordaba cuanta tortura le propinamos al animal, al grado que esta historia la terminan de leer solo aquellos que son tan fríos de nacimiento o los altamente curiosos por leyendas de Minas de Oro.

Esa noche no dormí tranquilo, soñaba con las palabras de mi hermano:
- Esa persona siempre cuenta antes de morir quien lo mató.
Me atribulaba la incertidumbre si había sido yo o Leonardo el que finalmente había acabado con la vida del sapo. Entre sueño y pesadilla pasaron por mi recuerdo todos los rostros de personas del pueblo que tenían semejanza a sapos: el señor regordete de la esquina del parque, la señora que echaba espuma de enojo y cada una de las anécdotas que mi madre había tratado de desvirtuar para ser la única que se moría de miedo en la última casa camino al cementerio.
Me desperté con muchos ánimos, el recuerdo del descuartizamiento de batracios sonaba como obsesiva canción desgastada después de una noche. Tomé mis cuadernos de espiral con el logotipo del Instituto Evangélico y salí a la calle.

Justo cuando cerré la puerta tras mis espaldas pude observar frente a la casa una caravana camino al cementerio. La mayoría eran mujeres que llevaban ramos de flores y vestían de ropas negras y grises. Caminé lentamente y puede ver entre el tumulto el un gris ataúd soportado por corpulentos hombres que marchaban a ritmo de camello sedientos.
Le pregunté a la Señora Silvia, vecina inconmovible acostumbrada a este tráfico.

-murió Clelia- me dijo. –apuñalada en su cama.


   
  • Comentarios
  • Deja Tu opinión

 

No hay comentarios todavia.
Se el primero en dejar tu opinión!.

Continua visitando MinasdeOro.info

Ver los ultimos comentarios

Calificación Favor califica del 1 a 5 estrellas.Favor selecciona una calificación.
Nombre Tu nombre es requerido.
eMail Tu correo electronico es requerido.Formato Invalido.
Comentario Tu comentario es requerido.
Captcha image
Ingrese el codigo de la izquierda
amor prohibido
  Text Link Ads script error: local_94451.xml does not exist. Please create a blank file named local_94451.xml.