Tras la pista de Mariano Alvarez \ Mariano Alvarez en los escritos de Carlos E. Prahl \
  Mariano Alvarez en los escritos de Carlos E. Prahl
  En su escrito "En el sesquicentenario de la batalla de La Arada", Carlos E. Prahl menciona a Mariano Alvarez en una historia de guerras que pareciera que no sucedieron.

Vientos de guerra soplaban en Centroamérica al iniciarse el año de 1851, porque las pasiones políticas no estaban aún aplacadas, sino más bien encendidas, y liberales versus conservadores peleaban por afianzar sus posiciones de poder, y más que luchas de pueblos hermanos, se habían desviado los oídos hacia intereses partidistas.
Ya la República Federal no existía desde 1839, porque en 1838 el Congreso Federal había dejado en libertad a los Estados para que se organizaran de la manera que mejor les conviniera, y éstos se habían organizado efectivamente como repúblicas unitarias, Nicaragua, Honduras y Costa Rica en el mismo año de 1838, El Salvador en 1841 y Guatemala en 1847, ante el fracaso de un federalismo de utopía, hermoso como ideal unionista, pero totalmente inoperante, escabroso y falso desde toda falsedad como realidad geopolítica.
Gobernaba nuestro país el general Mario Paredes, y los liberales se sentían derrotados y desplazados, después de la caída de Morazán en Guatemala en marzo de 1840 y la victoria del general Carrera en la misma plaza de la Independencia, Plaza Mayor o Parque Central de la ciudad capital.
Y tratando de desplazar a su vez a Paredes, pero especialmente tratando de derrotar a Carrera y echarlo del país y de la escena política, en nombre de esa Unión centroamericana, mil veces invocada y mil veces corrompida, habían firmado la llamada Dieta de Chinandega en León, el 8 de noviembre de 1849, como un pacto político, los Estados de El Salvador, Honduras y Nicaragua con el objeto de hacer renacer el gobierno federal en la ciudad de Chinandega, en el departamento homónimo de Nicaragua y naturalmente se esgrimía como razón de fondo para lograr ese objeto, el derrocamiento inmediato de los conservadores de Guatemala, para lo cual el Dr. Doroteo Vasconcelos de El Salvador y el licenciado don Juan Lindo, de Honduras, ya habían constituido una alianza liberal, proponiéndose invadir el territorio nacional militarmente y derrotar a las fuerzas del general Carrera, si es que acaso, con la fuerza y la presión de la diplomacia no lograban sus temerarios propósitos, que no eran otros que los de obligar a Carrera a abandonar el mando y a salir del país y que las tropas salvadoreñas ocuparan "los territorios de Guatemala que consideraran conveniente y por un tiempo indefinido". Porque esa era otra de las razones de fondo que indudablemente sopesaban los liberales: la de ocupar por tiempo indefinido territorios de Guatemala, como Chiquimula y Jutiapa, para crear un sexto o un séptimo mini-Estado, con la idea de debilitar al Estado de Guatemala y fortalecer a su vez, según su parecer, al federalismo centroamericano, tal y como ya lo había hecho Morazán pocos años antes con el llamado Estado de Los Altos, en donde Guatemala perdía ocho departamentos, correspondientes a un cuarenta por ciento de su territorio, de hecho ya empequeñecido después de la Independencia, pero que afortunadamente la acción del general Carrera pudo reintegrar al suelo patrio, desarticulando ese mini-Estado del occidente en 1840.
Y de esa manera fue como se preparó la invasión a Guatemala por el lado de Metapán, uniéndose las fuerzas de El Salvador (4000 hombres) y las de Honduras (2000 hombres) en un poderoso ejército, y se produjo el histórico hecho de armas en los campos de La Arada, el 2 de febrero del año 1851, es decir, hace de ello 150 años exactos, hoy 2 de febrero del año 2001, con el resultado de una brillante victoria para las tropas de Guatemala, integradas por aproximadamente 2000 hombres, quienes lucharon en ruda pelea al mando del mismo general Carrera y de sus oficiales, el coronel Manuel María Bolaños, el coronel Vicente Cerna, el coronel Ignacio García Granados, el coronel Joaquín Solares, el coronel Mariano Álvarez y el teniente coronel Leandro Navas, en contra de seis mil soldados al mando de once generales: Trinidad Cabañas y Santos Guardiola, representantes de las armas hondureñas; Isidoro Saget, fogueado militar francés, nombrado Jefe del Estado Mayor del Ejército, Ramón Belloso, Gerardo Barrios, Ciriaco Bran, Indalecio Cordero, Joaquín Asturias, Manuel Carrascosa, Doroteo Monterrosa y José Dolores Nufio, representantes de las armas salvadoreñas. Varios historiadores se han referido con mucha atención a ese hecho de armas, mencionando, entre otros, al licenciado Manuel Coronado Aguilar ("Apuntes histórico-guatemalenses"), al licenciado Francis Polo Sifontes ("Historia de Guatemala"), y muy particularmente, al licenciado Clemente Marroquín Rojas, quien en su excelente libro de casi cuatrocientas páginas de historia patria, intitulado "Francisco Morazán y Rafael Carrera", Editorial "José de Pineda Ibarra", 1971, le dedica naturalmente algunas páginas a ese hecho de armas, explicando las razones y causas de fondo de esa batalla, y situando los hechos en su verdadera dimensión histórica, especialmente en los capítulos "Vasconcelos comienza a desafiar a Carrera" y "En La Arada se juega el porvenir", tomando en cuenta que, de haberse producido un triunfo militar por parte del ejército invasor, muy distinta sería la situación de Guatemala con respecto a la integridad de su territorio y su hegemonía en el área centroamericana, así como con respecto al panorama político que se hubiera presentado y el destino de sus gobernantes, Mariano Paredes y Rafael Carrera. Pero el dios de la guerra y la diosa fortuna dispusieron que fueran la división Chiquimula y las compañías de Acasaguastlán, Jilotepeque, Asunción Mita y Santa Catarina, las que se cubrieran de gloria en aquella memorable ocasión, comandadas por el hijo del rayo de la guerra, al derrotar a un valeroso ejército, superior en número de soldados y superior en número de jefes comandantes, quienes, en su caso, indudablemente estaban seguros de triunfar en la agresiva acometida para expulsar a los conservadores de una vez por todas y retornar a los malogrados años de poder del general Morazán, enemigo de Guatemala.

II

De mucho prestigio para las armas nacionales resultó aquella famosa y renombrada batalla en los campos de San José La Arada, el 2 de febrero de 1851, cuando la victoria sonrió a las tropas del teniente general Rafael Carrera y quedaron derrotadas las del licenciado Doroteo Vasconcelos, presidente de El Salvador, quien comandaba un ejército de seis mil hombres, dirigidos nada menos que por once fogueados generales, los que también recularon ante la imposibilidad de vencer a las fuerzas de Guatemala, retirándose a la desbandada a sus países, Honduras y El Salvador, después de haber invadido el suelo patrio en nombre de un federalismo trasnochado, imposible de establecer, y menos de imponer, en los Estados centroamericanos, constituidos ya desde años antes a esa fecha en nuevas repúblicas unitarias, roto el pacto federal, y por lo tanto, soberanos en cuanto a sus decisiones y a su destino político, y soberanos en cuanto a la autoridad suprema y a la jurisdicción sobre sus propios territorios.
De la obra del licenciado Manuel Coronado Aguilar, conservador en su pensamiento y en su ideario, pero imparcial en el análisis histórico de los hechos, trasladamos en parte la narración que hace en su libro "Apuntes histórico-guatemalenses", pp. 285-286, de la batalla de La Arada, citando a su vez al historiador liberal, doctor don Manuel Vidal, quien escribe lo siguiente, recordando que la alianza del doctor Vasconcelos con el licenciado Juan Lindo tenía por finalidad el derrocar a los conservadores en Guatemala, para lograr con ello la aplicación de la llamada Dieta de Chinandega, pero para hacerlo era necesario también derrotar previamente al general Carrera, y con ese fin se preparó la invasión a Guatemala, con un ejercito muy bien armado, seguro de su triunfo, y con jefes al mando de mucho prestigio de muy alto rango.
"He aquí la manera como se proyectó la invasión. El general Gerardo Barrios invadiría a Guatemala con mil hombres, por el lado de Chingo, con el propósito de llegar a Zacapa y amenazar la capital; y el resto del ejército marcharía por Metapán para invadir los departamentos de Jutiapa y Chiquimula.
Los generales Barrios y Asturias se reunieron en Chingo. Al ejército hondureño le correspondía hacer la invasión por Esquipulas.
Pero el avance de los guatemaltecos obligó a Barrios a retroceder a El Salvador, para unirse con todo el ejército; de esta circunstancia se aprovechó Carrera para avanzar con mayor rapidez.
Obligado Vasconcelos a pasar un desfiladero que principia en Santa Rosa y termina en San José, Carrera juzgó ser un lugar a propósito para contener al enemigo.
El primero de febrero estaban frente a frente ambos ejércitos: el guatemalteco en la altura de La Arada, y el aliado en el pueblo de San José.
Entre los enemigos estaba el río. Carrera, por su posición, tenía mayores posibilidades de triunfo: ocupaba las alturas de occidente el teniente coronel Leandro Navas; Carrera se colocó en el centro con la artillería; el ala izquierda que sería la que defendería la retirada, llegado el caso, la mandaba el general don Vicente Cerna. Mientras los guatemaltecos ocupaban posiciones tácticamente notables, pues podían "ver sin ver vistos", los aliados, para forzarlos al combate, debían desplegar su ejército frente a ellos en terrenos bajos y estrechos como desfiladeros, a lo largo del río San José. Principió la batalla con furia por ambos lados, siendo la lucha más tenaz en el centro. Los aliados, a pesar de la metralla que los aniquilaba, luchaban con valentía y heroísmo, avanzando siempre para ascender a la meta ocupada por Carrera y de cuya posesión dependía su completo triunfo o la derrota. Cabañas -don Trinidad- al lado de sus soldados, peleaba como un león, alentándolos con sus palabras. Hubo momentos de indecisión en que parecía que el triunfo era para los aliados; pero fueron vanos sus esfuerzos. Los salvadoreños eran implacablemente fusilados, sembrando el suelo de cadáveres. Se peleó todo el día, y, por la tarde, cansados, sedientos y desesperados, comprendiendo que el triunfo les era imposible, tuvieron que retroceder, ya derrotados completamente.
En El Salvador la derrota de La Arada tuvo por consecuencia la caída del doctor Vasconcelos. Sobre él se desataron los odios políticos. Substituido por el doctor Francisco Dueñas, éste tomó posesión de la presidencia en enero de 1852, persiguiendo a los miembros del Partido Liberal. La Dieta de Chinandega no tuvo ya ningún resultado. En abril de 1852 se celebró un tratado de paz y amistad en Guatemala, quedando de esta manera, asegurado, el Partido Conservador en ambos países. Don Juan Lindo dio asilo a los emigrados salvadoreños perseguidos, y cuando terminó su período fue sustituido por él… si valiente y honrado general Trinidad Cabañas, mal estratega, al cual rodearon los unionistas. En El Salvador, Lindo sustituye a Cabañas; en Honduras, éste a aquél.
Carrera, con mil hombres, marchó a Izabal, contra Honduras, y sabedor que el fuerte de Omoa estaba mal defendido, ordenó el general José Víctor Zavala cercara el puerto, apoderándose del castillo el 24 de agosto de 1853.
Los triunfos de La Arada y del castillo de Omoa hicieron que la influencia de Carrera fuese decisiva en la América Central".

III

Al cumplirse los ciento cincuenta años de ese memorable suceso bélico que tuvo lugar en tierras de Chiquimula, en donde aguerridas tropas de ambos bandos se enfrentaron en ruda pelea al tratar de imponer las huestes liberales sus propios argumentos por la fuerza de las armas, y defendiendo por su parte, el ejército nacional la integridad del suelo patrio y la legitimidad de sus propios derechos soberanos, hemos creído justo y conveniente rememorar aquellos sucesos, no porque deba prevalecer la lucha entre pueblos hermanos, lamentable desde cualquier punto de vista en naciones civilizadas, ni menos porque pretendamos hacer la apología de la guerra, sino porque, tanto las causas como las consecuencias de la batalla de La Arada en 1851, cambiaron el panorama político de la región al ser derrotadas las fuerzas liberales y quedar afianzados los conservadores, tanto a nivel de caudillos como de facciones o partidos políticos, así como al ser aplacadas aquéllas en su porfía por alcanzar el poder y el dominio de la cosa pública, dejando de lado, al menos por algunos años, la intención de imponer el sistema federal de gobierno copiado de la constitución de los Estados Unidos de Norte América y totalmente inoperante en estas tierras, el menos en el siglo XIX, ya que, para lograr sus propósitos, insistían los liberales en dividir y debilitar al Estado de Guatemala, como sucedió con el infeliz intento del llamado Estado de los Altos o Sexto Estado (1838-1840), dentro de la República Federal (1824-1839), el que, si bien es cierto fue reconocido por el Congreso Federal en 1838, estaba integrado por suelo guatemalense del occidente del país, con lo cual quedaba rota la unidad geográfica e histórica de la Nación, debilitándola y empequeñeciéndola, favoreciendo de esa manera las intenciones de Morazán, inicialmente, y de Vasconcelos después, ya desaparecidas la República Federal, con el proyecto de crear un séptimo Estado con los mismos fines en el oriente de nuestro país, lo que hubiera dividido todavía más el territorio nacional, creando esos pequeños Estados dentro de una nueva e hipotética República Federal, pero dividiendo y rompiendo naturalmente la integridad del suelo guatemalense, mancillando su soberanía y restándole importancia al Estado de Guatemala.
Cabe o cabría suponer en consecuencia, como una hipótesis también, que nuestro país actualmente llegaría a las alturas de Patzún, Chimaltenango, por el lado de occidente; y a Cuilapa, Santa Rosa, por el lado del oriente, como un corredor geográfico, si es que acaso hubieran prosperado aquellos peregrinos intentos de destruir Guatemala en nombre del federalismo, y suponiendo que el invicto guerrero y defensor de la Patria, Rafael Carrera, no hubiera podido evitar esos desgraciados sucesos, además de que, lógica y naturalmente, desaparecida para siempre la República Federal, la que realmente nació muerta a la vida pública, porque nació de derecho, pero jamás de hecho, esos territorios atomizados o pequeñas parcelas, importantísimas y vitales para Guatemala, ya hubieran pasado a formar parte, en el llamado Estado de los Altos, del vasto territorio mexicano; y en el caso del Estado de Chiquimula y que solamente existió como proyecto, del territorio de nuestros vecinos centroamericanos, razón suficiente para deducir de ello y concluir, sin necesidad de esgrimir muchos argumentos ni de hacer sesudas consideraciones, que tanto las acciones y victorias militares del general Carrera en la Plaza de la Independencia y en San Andrés Semetabaj, en 1840; la de Monterroso en El Bejucal en el mismo año; así como la intervención y mediación del general Paredes en 1848, que lograron la derrota de las fuerzas altenses y la reinserción afortunada del territorio del Estado de los altos al Estado de Guatemala, a donde pertenece, y que la fulgurante y por demás valerosa y heroica acción de La Arada en 1851, hoy hace ciento cincuenta años, fueron decisivas y determinantes para que el sagrado suelo guatemalense no quedara partido en varios pedazos, partes de patria mancillada, rompiendo su unidad geográfica y desintegrando casi el Estado, como nación y como república unitaria, e incluso dando fin y enterrando a la naciente "chapinidad" en sentido estricto, la que nació el 21 de marzo de 1847 al fundar la república el mismo caudillo que ya había escalado las cumbres de la fama con sus mismas campañas y por la popularidad de que gozaba. Esa es parte de la importancia de los triunfos en los hechos de armas y en el juego político a mediados del siglo XIX del general Carrera, importancia realmente vital para el Estado y para la República, y que los corifeos liberales se han encargado de torcer, borrar, callar, soslayar o eclipsar con sus propios argumentos y con sus triunfos posteriores, pero que distinguidos historiadores, desapasionadamente y con juicios más equilibrados y análisis más serenos, como podemos leer en el libro "Francisco Morazán y Rafael Carrera", del licenciado Clemente Marroquín Rojas, o como razona en su libro "Apuntes histórico-guatemalenses" el licenciado Manuel Coronado Aguilar, han sacado a la luz pública y han colocado con sus interpretaciones en la justa balanza de la historia.
Lo menos que podemos decir hoy, ciento cincuenta años después de aquel memorable hecho de guerra, es lo siguiente: Honor y gloria a los héroes de La Arada que supieron defender con ánima fiera a la Patria invadida, y que ofrecieron sus vidas con valor, decisión y coraje en los momentos de peligro, luchando y salvando la integridad de su territorio y el honor de la Nación. Honor y gloria a su comandante en jefe, teniente general Rafael Carrera, esclarecido patriota, genial estratega e invicto guerrero que derrotó con su espada a las huestes invasoras que, no por ser liberales eran menos invasoras, ni por ser vecinas y hermanas eran menos agresoras, ni por enarbolar la bandera del federalismo eran menos peligrosas en sus intenciones de aplastar los Supremos Poderes de nuestra Nación y de romper la integridad de su territorio.
En la Nueva Santiago de Guatemala de la Asunción, en la Plaza de la Independencia, en el día de la fiesta de la Purificación, 2 de febrero del año 2001, sesquicentenario de la Batalla de La Arada.

IV

Creemos oportuno en esta fecha de recordación de la batalla de La Arada o de San José La Arada, la que tuvo lugar, como ya hemos mencionado varias veces, el 2 de febrero del año 1851, es decir, hace de ello 150 años exactos, citar dos de las partes o de los informes que el teniente general Carrera envió al señor Ministro de la Guerra, el primero de ellos fechado el 2 de febrero de 1851, desde el propio campo de batalla o lugar de los hechos, y el segundo, fechado el 6 de febrero del mismo año, desde la Comandancia de Armas de Ipala, los que se explican por si solos y que dicen lo siguiente: "Campo de batalla de la Arada, febrero 2 de 1851. Señor Ministro de la guerra del Supremo gobierno de la República de Guatemala.--- Tengo el honor de dar parte a Us. que el día de ayer en la mañana salí de Chiquimula con 2000 hombres con el objeto de batir al enemigo, el cual se hallaba en Ipala en número de 4500 hombres al mando de los generales Vasconcelos, Guardiola, Cabañas, Barrios, Saget, Belloso, Bran, Cordero, Asturias, (a) Mazate, Monterroso y Nufio. A pocas horas de mi llegada a este punto empezaron a ocupar San José en donde pernoctaron y de donde dirigieron al Sr. Corregidor de este Departamento la nota que acompaño a Us. que por su contenido da a conocer la mala fe con que obran estos hombres, y me pareció contestarla a balazos.
A las ocho y media de la mañana del día de hoy emprendieron su ataque por tres puntos, y se rompió un vivo fuego de una y otra parte: fueron repelidos en la primera vez por nuestras columnas y en la segunda ocuparon parte de la posición que ocupábamos, en donde fueron arrojados: en seguida volvieron a acometer hasta confundirse nuestros soldados con los de ellos; en tal conflicto fueron auxiliados los puntos atacados, por nuestra reserva, sufriendo un horroroso fuego del enemigo, principalmente de artillería que les hacían sin cesar nuestros artilleros comandados por el Sr. Coronel D. Mariano Álvarez; al mismo tiempo acometieron sobre los Sres. Coroneles Cerna y Solares que mandaban la brava división de Chiquimula, la que se portó con el denuedo acostumbrado, y por otra parte las compañías de Acasaguastlán, Jilotepeque, Mita y Santa Catarina, contuvieron el ímpetu del enemigo por ocho horas y media que duró el combate; sostenido en toda la línea con el denuedo los guatemaltecos los puntos que les tocaron cubrir, quedando el campo sembrado de cadáveres enemigos. Muchos de los Oficiales que me acompañaban fueron heridos y muertos sus caballos y herido el que yo montaba.
El ataque presentaba el aspecto más terrible: el fuego de cinco piezas de artillería, de 4,500 hombres con que atacó el enemigo, y el de 1,500 con que yo resistía, levantaban una densa nube de humo por lo que no nos distinguíamos.
El Teniente Coronel D. Leandro Navas que estaba en un camino, no entró al combate, por cubrir el punto que se le había designado y sólo vinieron 50 de su división, quedando el resto sin pelear. La pérdida del enemigo hasta ahora asciende a 318 muertos, 540 fusiles y 120 prisioneros, 9,000 tiros de fusil, multitud de bestias y equipajes, y 7 cajas de guerra.
Nuestra pérdida es la del valiente Capitán D. Antonio Guzmán, del Teniente D. Angel García, D. Mariano Villatoro, D. Leandro Urbina, el Subteniente D. Vicente Ruano, el Alférez D. Juan Santa Cruz y 33 heridos entre sargentos, cabos y soldados; también fue herido el patriota y administrador de Chiquimula D. Miguel Sanchinel, que se distinguió en la acción, a pesar de no ser militar.
No recomiendo a ninguno de los jefes y Oficiales que concurrieron al Combate porque todos son dignos de la consideración del supremo gobierno, pues tanto estos como la valiente tropa que es a mis órdenes cumplieron con su deber, y a honor tenían ocurrir a los puntos más peligrosos; recomendarlos, sería no acabar para citar los hechos de cada uno.
El enemigo ha sido derrotado completamente, y el presidente de El Salvador ha huído vergonzosamente antes de ver finalizada la acción, llevando sobre sí el remordimiento y el oprobio, él y sus Generales, de las víctimas sacrificadas a la ambición. El General Guardiola tomó para Honduras por las lomas inmediatas: igual cosa hizo el General Cabañas. Inmediatamente destaqué una columna de 600 hombres al mando del Sr. Coronel D. Ignacio García Granados y el Teniente Coronel C. Leandro Navas, que marcha en persecución de los restos derrotados del ejército salvadoreño.
Sírvase Ud. poner lo expuesto en conocimiento del supremo gobierno y aceptar mi distinguido aprecio y consideración. Dios guarde a Ud. muchos años. RAFAEL CARRERA".
"Comandancia general de las armas de República de Guatemala. Ipala, febrero 6 de 1851. Al señor Ministro de la Guerra del Supremo Gobierno de la República. Hoy he llegado a este punto con las fuerzas de mi mando después de haber reconocido el campo en donde fue la acción del 2 de los corrientes. La pérdida del enemigo por el último reconocimiento hecho hoy asciende a 528 muertos, y van recojidos más de 1,000 fusiles, sin que se haya podido asegurar a punto fijo cuántos serían los que perdió el enemigo, porque de todos los pueblos y rancherías llevan todos los días cargas de armas, porción de prisioneros y heridos, y se ven por los campos grandes zopiloteras, hacia donde salieron los derrotados.
Los prisioneros serían de 150 a 200, pues todas las divisiones tienen; por eso es que no fijo el número. Se han recojido 13,000 tiros de fusil, 11 cajas de guerra y multitud de equipos que presentan los del campo. Nuestra pérdida asciende a un capitán, un teniente, un alférez y 20 entre sargentos, cabos y soldados muertos. Heridos 3 Capitanes, 1 Teniente, 2 Subtenientes, 1 alférez, 42 individuos de tropa y el patriota D. Miguel Sanchinel que ya tengo recomendado en mi anterior.
Como ya tengo antes dado parte en el momento de la acción el aumento que ahora resulta es porque las divisiones no habían dado noticias exactas de lo ocurrido en cada una de ellas. Nuestras pérdida hubiera sido mayor, pero no lo fue por dos razones: la una por estar nuestro campo atrincherado y por las ventanas de nuestra artillería que nos ayudó; y la otra por la incapacidad de los Generales enemigos, pues fueron vencidos por 1500 de nuestras tropas. Además la artillería del enemigo no entró a pelear, porque la hubiera dejado, y huyó con mucha anticipación, porque sus cañones eran muy pequeños. Vasconcelos huyó precipitadamente con una poca fuerza, pues no se detuvo ni aun en Metapán. Aseguran los prisioneros y un mozo que éstos llevaron, que el General Belloso va gravemente herido en camilla, y que llevan como 200 heridos…".

Para verlo completo en Diario La Hora
Mariano Alvarez vivió en Minas de Oro, en su honor, una de las escuelas lleva su nombre.
   
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Espina Victor, 2012-02-06 00:02:41
Articulo muy interesante, aporta nuevos datos al tema, sin embargo me gustaría tener la bibliografia consultada
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